Mi vida no sería lo mismo sin los taxis.
No me da pena decirlo, pero carezco de automóvil. Esa es la razón por la que tengo la dicha de subirme a un automovil que lleve en las puertas cuatro letras. No creo que mi destino sea viajar toda mi vida en aquellos relucientes vehículos.
Sin embargo sí puedo decir que he pasado muchas experiencias en ellos, he de decirlo, muy a mi pesar… y no por que menosprecie a los conductores y al atuendo de los asientos, si no por que soy tacaña de nacimiento y prefiero mil veces caminar o subirme al camión (por lo menos en el camión pago menos), pero aveces no hay de otra y me tengo que trepar en un taxi.
La mayoria de las veces que me subo en uno a mitad del camino comienzo a arrepentirme de haberme subido.
Ayer no fue la excepción, difrutaba una tarde calurosa con mi amado samurai y mi pequeña padawan, comimos fuera de la casa (bien saben que deben hacer eso con cierta frecuencia por que sino la seño de la casa se pone como dragón de Harry Potter…), caminamos un rato por el centro comercial nuevo y para regresar a la casa… pues taxi, invariablemente.
Es un hecho que fuera de dicho centro comercial las arterias aledañas tienen más que colesterol. Simplemente solo pueden pasar las moscas entre cada auto. Precísamente esa virtud la quiso imitar el taxi al que nos subimos, pretendió creer que el y su vehículo eran tan pequeños como una mosca y se metió como pudo (y como no pudo) entre todos los autos que, dicho sea de paso, llevaban rato esperando su turno para pasar.
¡Que montaña rusa ni que nada!, no necesito ir a Six Flags para tener emociones fuertes, me basta con mis amados taxistas jalapeños. Recuerdo que en chilangolandia (La ciudad de México pa’ los que no conocen el sobrenombre de esa mítica tierra) la cosa también se ponía severa, pero era más común que se fueran lentito (siempre he creido que lo hacen por que les conviene mas por el taximetro). Aca en la ciudad de las flores y del cafe no es asi, aveces la gente amanece de malas y arde Troya.
En fin, para no hacerles el cuento largo, yo creo que este taxista o traia prisa de ir al baño o amaneció de malas. Se cerrro no se cuantas veces al grado de que vi las defensas de los autos y de los camiones frente a mis narices. Ya no se si era montaña rusa o la mansión del terror… ¿subirse a un taxi es acaso masoquismo? No entiendo por que tengo que gastar tanto para que me maten (ya sea de un choque o de un susto).
Pues no pasó a mayores, mi valiente samurai le dijo que no habia prisa y que mejor se fuera despasito… lo hizo, a regañadientes, pero lo hizo.
Al llegar a casa (su casa… bueno es mia, pero ya saben, lo digo por amabilidad) -¿cuanto es?- nopus’ 30…-
No se si reir o llorar, nunca había pagado 30 pesos por subirme a los carritos chocones en una feria.
Pregúntome yo, ¿trabajan de eso por que les gusta o por que no les queda de otra?, supongo que es por la segunda, ya que cuando uno valora su trabajo lo hace con gusto, se gane lo que se gane.
Lástima que el mexicano teniendo tanto talento y creatividad prefiera trabajar por comer que trabajar por amor a lo que saben hacer. Eso a la larga solo provoca mas malestar y claro esta, menos ganas para hacer las cosas bien.
Mientras tanto, pienso…úrgeme un automóvil…
DarthAkire: Me invitan a jugar Guitar Hero en movil... no puedo decir que no... ay... qué vicio...
Evoluciones y memorias - Akire San
Julio 20th, 2010 at 15:16
[...] por poner un ejemplo, podría mencionarles que mi opinión acerca de que la mayoría de los taxistas manejan horrible, no ha cambiado, pero sí he cambiado mi manera de decirlo, ya no generalizo (o [...]