Sé que no lo soy, de hecho, nadie puede saber a ciencia cierta quién en todo el mundo es la “peor madre”. Pues con todo y todo, me sentía así. De nada me serviría ocultarlo, porque después de todo, se me notaría, si no en la cara, sí en mi forma de escribir.
No solo me sentí así en toda esta semana, llevo una buena parte de mi vida como madre sintiéndome la peor. Cualquiera que es madre (o padre) comprenderá a que me refiero. Sientes que haces de todo y al mismo tiempo no haces nada… al menos no haces lo que deberías de hacer.
Toda esta semana fue de una dura reflexión en mi vida, de recapacitar y de darme cuenta de que estaba haciendo justo lo que me prometí a mi misma no haría cuando mi hija entró a la escuela.

No se cuántas madres son así, pero temo decir que yo sí soy de las que se toma muy literal todo lo que lee y todo lo que escucha: Si en la escuela mencionan un defecto de mi hija, por muy pequeño que sea, yo lo hago enorme. He regañado a mi hija por cosas que ni venían al caso dejándome llevar por comentarios aislados o dichos a la ligera acerca de mi hija. No he sabido entender que en este mundo, la gente se fija más en los errores que en las virtudes. He olvidado ver a mi hija con los ojos de Dios y la he juzgado con los ojos de los demás.
¡No! No crean que medio mundo habla mal de mi hija. Al contrario, del 100% de personas que la conocen puedo decir que un 97% se expresa maravillas de ella: “Es muy bien portada y formal… Es simpatiquísima y ocurrente… Tiene gran talento histriónico, canta hermoso y además actúa lo que canta… Es tan bonita como su madre… Es muy buena cocinera… Defiende muy bien sus ideas”… El problema es que el 3% me ha pesado demasiado, talvez por que son personas que considero (o consideré en su momento) con una opinión valiosa, ya sea por que saben de educación infantil, o por que ya fueron madres o padres y tienen amplia experiencia en “niños problema” (ya sé que no es el término correcto, pero desgraciadamente así lo usan), maestras, familia, amigas… un diminuto e insignificante 3% y yo me he dejado aplastar. Y como consecuencia he aplastado a mi hija.

Cayó -extrañamente- enferma desde el fin de semana pasado. Obviamente no tuvo un buen día de reyes y tuvimos que llevarla al pediatra; también en eso me senti culpable, no tenemos seguro médico y tampoco habíamos tenido dinero en los dos años pasados para pagar consultas trimestrales o semestrales con doctores privados (ahora debo entender que eso ya quedó atrás y que Dios la tuvo – nos tuvo- en su mano durante los momentos más difíciles de ese par de años).
No fué a la escuela los tres primeros días. Yo me debatía entre “cumplir con mi papel de madre responsable y obligarla a comer para reponer el peso perdido”, o apapacharla y no presionarla, aunque me dijeran que podría estar haciéndola caprichosa y consentida.
Hay especialistas que dicen que lo más importante es hacerlos comer, otros dicen que lo más importante es darles su espacio para que ellos decidan. Por otro lado mi madre insistía en decirme que era rarísimo que no comiera, que yo comía perfectamente bien cuando era niña (ajá…). No la culpo, como abuela que es, se preocupa por su nieta con su corazón de abuela, no de madre. Ella ya pasó la etapa de “o te lo comes o ya verás” y las manías de manipulación ya no las percibe tan fácilmente.

Así pasamos la semana. Ya sé que fue sólo una “simple” infección estomacal y que hay madres que han sobrellevado eso y más, ya sea por que tienen más hijos o por que les tocó vivir cosas realmente trágicas. Pero compréndanme porfavor, sólo tengo una hija, la cual jamás había enfermado así y por que desde que entró a la escuela enferma con mucha frecuencia. Más aun por que la pediatra nos pidió vigilancia constante por que podría tratarse de rotavirus o algo en el hígado… Ayer quedó confirmado que no era eso, sin embargo se detectó que la Padawan tiene pie plano (más plano que el de su madre) y que además bajó muchísimo de peso. Nos dijo que no había necesidad de presionarla, y nos dió varios tips de alimentación, comprendió perfecto nuestra situación económica así que no nos pidió cosas imposibles de cumplir para nuestra posición, no nos hizo sentir culpa e incluso se rió con nosotros cuando le contamos que la Padawan, como buena y normal niña que es, aveces tiene sus mañas para comer sólo lo que se le antoja y cómo logra convencer a sus abuelos y tíos de darle gusto en todo. ¡Gracias a Dios por doctoras asi! (si alguien vive en Xalapalandia y requiere de una buenísima pediatra, díganme para mandarles los datos)

Hoy, mi Padawan está muy bien. Desayunó de maravilla y se despertó desde muy temprano para jugar con lo que sus preocupados padres le dejaron el día de reyes.
Yo re-aprendí la misma lección, sé que necesitaré muchos años más para repasar y no olvidar que mi hija es especial y diferente, pero con los mismos derechos y obligaciones que los demás niños. Debo aprender a conocerla y valorarla por lo que ella es, dejarme llevar por lo que digan mis instintos maternos (que aunque no lo crean, los tengo) y sacarla del molde que yo misma le he impuesto por mi modo textual de tomarme las cosas.

Escribo esto por que probablemente a alguien, talvez solo a una persona, le sirva comprender que muchas madres y padres sufrimos, que no podemos ser los “mejores padres ni los peores”, que todos juntos vamos en el barco y que no se está sólo aunque aveces pareciera que sí.
Que no debemos presionar, ni acelelar los procesos, que nuestros hijos no son anormales sólo por que no hacen lo que los libros y revistas dicen que deben hacer, que aveces un par de meses de diferencia no dicen que un niño está retrasado. Y que uno puede aprender através de la enfermedad y de la escaséz el valor de los momentos, de las personas y de los sentimientos (sí, habemos personas con la cabecita más dura y debemos entender con mano dura también). Que debemos aprender a encontrar el método adecuado que sólo en nuestros hijos tendrá efecto para hacerlos entender, y que eso sólo se logra conociéndolos a profundidad y para que eso pase requiere de tiempo, paciencia y mucho amor.

Sé que Dios proveerá para lo que necesita la Padawan; para ayudarla a subir de peso, y también proveerá para formar el arco de sus pies y continuar con su tratamiento estomacal. Así que no le pido provisión, más bien le pido con todo mi corazón que me ayude a entender y a conocer a mi hija, y no dejar que nada ni nadie nuble mi relación con ella, eso es lo más difícil… lo demás vendrá.

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