La gente se extraña de que al Samurai y a mi no nos gusten los eventos cristianos masivos, otros pocos se extrañan de que no nos desvivamos consiguiendo las conferencias del “Hermano Aposssstol Fulano de Tal Bendecidisimo” que además viene de Costa Rica, Colombia, Ecuador o de donde sea (no se por que causa más espectativa alguien que viene de otro país, cuando lo mismo lo puedes leer en un libro o escuchar de un conferencista de casa…). Se extrañan otros cuantos de que nosotros no seamos de esos que dicen “amennnn, gloooria a Diossss” cuando un predicador dice algo “interesante”.

No siempre explicamos la razón, por que no todos la entienden con una explicación de 5 minutos. Por lo general la plática puede alargarse de maneras inesperadas cuando se trata de explicar algo irrelevante… pero escandaloso.
Y esto de los eventos masivos, profetas, conferencias “ungidas”, son de esos temas escabrosos que no se pueden tocar tan fácilmente.

Ahora bien, quienes me conocen de cerquita y de más-o-menos-cerquita, saben que soy una persona más bien evasiva de los problemas… pero también saben que una vez que es inevitable y me arrinconan entre dos paredes por que el problema ya está que arde, pues no me queda más que hablar. También quienes me conocen saben que casi no hablo… pero cuando hablo: ¡hablo!
No así con la escritura, que aunque también soy tímida, por lo menos me es más fácil acomodar mis ideas y darlas a conocer sin hacerme tantas bolas como cuando hablo.
Por eso, esta vez, que de algún modo o de otro, me siento un poco arrinconada, he decidido escribir acerca de MI NO-GUSTO POR LAS COSAS APARATOSAS Y SENSACIONALISTAS DE LA IGLESIA.

Todo se remonta a una época antigüa en la que los discípulos de Jesús iban a los pue… ah no, no tan lejos, jajajaja no al menos en mi caso… jajajajaja. Como decía, todo se remonta a mi adolescencia (si, asi la llamo por que si duele, y ¡mucho!, o qué ¿a alguien no le dolió crecer?) cuando comenzaba a asistir al grupo de jóvenes en el que crecí. Llegué ahí con un corazón hecho cachitos, aun cuando ya era cristiana desde los 9 años tenían que pasar muchas cosas para que yo replanteara mi existencia… y así fue, después de vivir varios noviazgos tormentosos (si, a los 15 años ya tenia un camino recorrido en eso), de vivir rechazo y de muchas dudas existenciales, decidí hacer caso a los consejos y asistí al grupo. Claro está, eso no arregló mi vida ni me hizo cambiar de perspectiva de sopetón. Lo único que cambió de sopetón fue el lugar donde descargaba todas mis penurias. Antes las descargaba besando a algún novio… y en el grupo las descargaba checando que todos fueran “limpios de corazón” por que segun yo, yo ya lo era…
Algunos saben de lo que hablo, por que recuerdan esa etapa de su vida y se ríen al recordar todo el tiempo perdido en fariseismos y prohibiciones absurdas.
Pues así fue, me volví mocha, prejuiciosa, espantada… leía mucho mi Biblia, pero no tenía ni idea de cómo aplicarla a mi vida, soltaba versículos a diestra y siniestra cada que alguien me pedía un consejo… incluso fuí de esas que si se me caía mi Biblia me sentía altamente culpable (jajaja hoy la moda es que si no esta maltratada, subrayada y demás ¡¡singifica que no la lees!! jajajaja caray… como si no hubiéramos personas que nos gusta cuidar los libros aunque los leamos una y otra vez)

No era la única que vivía asi, uno siempre se encuentra con gente que le dé cuerda y hasta alianzas se hacen para “rescatar” a los “pobrecitos hermanos perdidos que estan en casa estudiando en lugar de ir a la oraciónnnn“. No tardaron mucho en alucinarme en mi casa… mi mamá estaba feliz de que yo fuera tan “responsable”, mi papá no decía nada, y mis hermanas… Dios, perdónalas… que diga, perdóname jajaa… ¡mis hermanas! Temo decir que me considero responsable de que mis hermanas se hayan metido en uno que otro lío, por que yo en lugar de dar consejos REALES en base a la verdadera sabiduria de Dios, las agarraba a Bibliazos. Sí, las alejé más con mi forma de ser tan hipócrita, prejuiciosa y de falso amor. Automáticamente se hizo una barrera que tardó mucho en destruirse. Y hoy pasa lo mismo en muchas congregaciones… pero de eso hablaré mas tarde (jajaja, sí, ya se que siempre les digo eso y luego se me olvida tocar el tema, jajajaja, pero no, créanlo, esta vez no lo olvidaré)
Y entonces mi vida consistía en lecturas bíblicas (lo cual no es malo si se hace por querer conocer y no por religiosidad y costumbre), oración los sábados a las 4:30 (tampoco esta mal hablar con Dios… pero a él le gusta la sinceridad, no las palabras prefabricadas), reunión de jóvenes todos los sábados, reunión los domingos, lunes-martes-miercoles-jueves-viernes para dar bibliazos a quien se dejara. Congresos de jóvenes, congresos de mujeres hasta en otras ciudades, conferencias pegadoras de predicadores conocidos, música cristiana a toda hora, versículos bíblicos que se oyeran nice: en lápices, cuadernos, libros de la escuela. Playeras de pecesito, faldas largotas, playeras y blusas hasta el cuello. Cargar en la mano la biblia siempre (no en la mochila) y que no fuera de esas biblias chiquitas de bolsillo (pa’ que se notara que YO NO NEGABA A MI DIOS). Me encerraba en mi cuarto a “alabar a Dios”, me ponía a bailotear con un pandero con listones, y cantar como si estuviera en la regadera (bueno, también en la regadera cantaba…).
Dominaba perfecto el Cristianés y sin haber tomado cursos y diplomados del idioma jajaja.

Una vida muy… ¿santa?

Mientras tanto, en la escuela, mis calificaciones no eran las mejores, copiaba en algunos exámenes y poco después volvió lo inevitable… tener un novio “inconverso” (ayy) … ¡y a escondidas! (ayyy Jehovaaa)
Y es que no podía darme el lujo de que me cacharan por que podía ser “piedra de tropiezo” ¿verdad? (de nada me sirvieron las conferencias acerca de noviazgo por que yo no quería que me sirvieran… así nomás)

Sin embargo, algo dentro de mi me decía que me sentía vacía… y entonces me inscribí a clases bíblicas, a más congresos, más conferencias, más bibliazos, más playeras de pecesitos, terminar a regañadientes con el Novioimpío.

Durante los grandes congresos nos decían “párate hoy y ven corriendo al frente si quieres un cambio en tu vida“… pues año tras año, congreso tras congreso me levantaba e iba, y veía a muchos que habían hecho lo mismo justo en el congreso anterior… y lo mismo, lágrimas, gente tirada en el suelo (y ahora hasta está de moda sangolotearse y vomitar… que por que según que es una representación de que Dios está sacando la maldad que hay en ti), luego la moda de la risa y el gozo divino…
También pasé por la etapa de que cuando invitaban a alguien con don de “profecía” a un congreso o a la congregación misma, deseaba con todo mi corazón de que el “profeta” volteara y me dijera “si tu, la de playera morada con pecesitos, la del copete parado, si tu, para ti es esta palabra, Dios dice que…” nunca sucedió… y cuando sucedió fue en privado y sólo para confirmar algo que yo ya sabía.

¿Y saben que? No servía de nada tanto pancho, y no por que el conferencista no estuviera “ungido” o por que yo tuviera un espiritu de “JezabelconjugoagriodetreslimonesypresuncióndeJoséelquesueñamucho” y que mi falta de humildad me impidiera aprender… no, simplemente era que yo no tenía idea de quién era para Dios, no tenía idea de para qué me había creado… y eso, apenas lo estoy descubriendo, y junto con ello muchas cosas se han ido aclarando en mi vida. Pero en ese entonces me había preocupado más por seguir esos “Métodos de Santidad”, como si fueran receta de cocina, que de conocer el plan de Dios específicamente para mi.

Esperaba que la responsabilidad de mis actos y decisiones las cargara la congregación, el pastor, el “profeta”, la Biblia, mis pecesitos… y todos, menos yo.
Creía que con asistir a un megaevento, o con llevar mi música cristiana a todos lados, o con escuchar la misma conferencia una y otra vez y actuar con ese emocionalismo cristianoide al cual algunos llaman “primer amor” ya era suficiente para cumplir la voluntad de Dios en mi vida y vivir en santidad ejemplar.

Tuvieron que pasar años para que, con sapes de la vida misma, me diera cuenta que a Dios no le interesa a cuántos eventos asistes, o cuántos versículos te aprendiste en la escuelita dominical, o si oras retebonito’ con tus hijos cuando los llevas a la cama, o cuánto Cristianés eres capaz de usar en una frase… le interesa TU CORAZON, le interesa ver si realmente eres tannnnn salsa como dices, si amas y perdonas a tu prójimo cuando te ofenden aun intencionalmente, o si ya perdonaste al que no te contestó el mail por que no tuvo internet todo un mes, o al que no te saludó por que no te vió, o a tu esposo que no sabe como tratarte por que te sientes una diva, o a tus padres por haberte llamado inútil hace muchos años. Él quiere ver si eres capaz de amar a alguien con costumbres completamente diferentes a las tuyas sin que le llames IMPÍO aun a sus espaldas (como aquellos que no soportan escuchar el japonés por que creen que se oyen como voces del infierno…), quiere ver si eres capaz de no comer hoy con tal de que un amigo coma algo, quiere ver si eres capaz de dejar tu ridícula y efímera comodidad para ver si es cierto que te puedes desvelar para escuchar a un par de jóvenes con problemas y para darles un consejo, quiere ver que te dejes de preocupar por el “que comerás y que vestirás” y que mejor te pongas a hacer algo por aquellos que te puso cerca.

Y aun así, si mis amigos quieren que los acompañe a un evento cristiano masivo (congreso, concierto, etc etc), pues ahí estaré, por ellos, aunque me chute lo mismo de siempre, aunque vea esas cosas que me incomodan… ahí estaré.
Y sip, aprenderé junto con ellos, eso que ni que..
Y nop… temo decir que no gastaré ni un quinto en conferencias de moda, de esas que te dicen que “eres Dios”…
Y temo decir que sip, aun cuestionaré e investigaré de todo lo que se diga desde un púlpito (en lo secreto… yo sabré que tomo y que deshecho…) aunque me llamen rebelde por hacerlo.
Y nop, no me tragaré cualquier profecía por que últimamente he visto que, Dios te pone los planos de la construcción sobre la mesa… pero si tu decides hacer tus propios planos, pues de nada sirven las profecías y todos esos panchos si quieres hacer las cosas a tu modo…
Y sip, me sujetaré a todas las disposiciones de la autoridad, por el bien de los que amo… y si me mandan a un concierto o a un congreso iré con tooodo gusto.

Estos temas continuarán…

Nota aclaratoria: No estoy en contra de los congresos y esas cosas, nosotros mismos estamos organizando algunos eventos para niños, pero lo que no estoy de acuerdo es en que se promuevan con el típico “un evento que cambiará tu vida” o “cuando escuché esta conferencia mi vida cambió” o “me dijo el profeta que tengo que dejar de sentarme hasta atrás en las conferencias”… Creo firmemente que Dios nos deja tomar decisiones, y eso incluye el decidir aplicar lo que aprendemos en nuestra vida lo cual es muy difícil. Ponerse máscaras de santidad, eso sí es fácil.