Todos mis lectores saben (jaja, ese “todos” sonó como si fueran “muchos”) que soy viciosa del café… NO PUEDO VIVIR SIN CAFÉ… pero hay de café a café… por ejemplo, el de Starbucks no me gusta, no me sabe a café, si no a una fotocopia barata (irónico) de un café más o menos bueno.
No me gusta el café con crema, aunque aveces se me llega a antojar. Me gustan los lecheros veracruzanos de vez en cuando (lechero veracruzano: café con leche… no me refiero a los veracruzanos que trabajan extrayendo leche a las vacas para luego venderla…) .
Pero mi máximo es ni más ni menos que el café negro, con poca azucar y decentemente caliente (que se pueda beber… muy caliente me hace enojar y muy frio no cuadra).

Me gusta a cualquier hora del día. En las noches o en las mañanas. O después de una comida pesada.
Lo puedo tomar acompañada (de buenas personas) y lo puedo tomar sóla también, mientras leo, juego online o cubo, checo emails, viendo tv, oyendo música…

También me gustan los caramelos de café, el café con licor (mmm Irlandés, mmmm), los helados de café… caray, creo que hasta podría comprarme un perfume que huela a café.

Sin embargo, así de viciosa del café que soy… también hay “café” que me disgusta más que el que sabe diluido, más que el que está quemado, más que el del día anterior o más, incluso, que el de Starbucks… y es ni más ni menos que el color café en los perros en una mañana apresurada.
¡No!, no es que el café les caiga a los perros… si no que hoy, ¡justo hoy!, alucino a los perros color café. ¿Por que? ¡Ah!, pues por que hoy, ¡justo hoy! que me tocaba dar clases en la escuela, un perro CAFÉ tuvo la osadía de plantarme una huella de lodo (café también) en mi pantalón (de color azul claro). Podría haber sido otro día… pero ¿POR QUÉ HOY? Hoy, que quería verme un poco más presentable… ya de por sí es dificil verme presentable… ¡y luego con una pata de lodo en la pierna! ¡Nooooo!

En fin, trato de entender las razones que tuvo ese desconocido perro café para cometer aquella fechoría, pero lo único que me viene a la cabeza es lo que dice Germán Dehesa acerca del tradicional y mexicano “Perro Café” (léan a Dehesa, para que sepan de qué hablo muajaja). Así pues, aunque el perro se veía dulce, tierno y juguetón, y aunque me siguió toda la cuadra que caminé para tomar un taxi… y aunque se quizo ir conmigo en el vehículo… no, sinceramente este perro café me cayó gorrrrdo. No es divertido llegar al trabajo con una marca de pata perro… enlodada… y muuuy café, en el pantalón

Sólo se me quitó el disgusto con el perro tomándome una taza de café, patrocinada por mi compañera, la tocaya slashiosa. ^^
Por que sí, el café (para beber) puede hacer eso y más. ¡Saluddd!

Postdata Perruna: un saludo a mi querida hermana… “madre” de un dulce chihuahua… el cual además… ¡es CAFÉ! jajaja (pero a ese sí que lo quiero mucho ^^)