Muchas veces, cuando he estado peleando contra la injusticia entre los niveles socioeconómicos, peleando contra la corrupción, peleando contra el abuso a la gente desprotegida, o también luchando contra la ignorancia, o incluso luchando contra la intolerancia, irónicamente me he topado con que yo misma estoy siendo intolerante mientras lucho.

Quisiera entender en qué punto uno está luchando contra “alguien” y no contra “algo”… Esto es tan complicado que me deja con los pensamientos marcando “error” y poniéndome la mente en pantalla color “azul-windows”.

Por ejemplo, la semana pasada sucedieron varias cosas que me dejaron pensando.
La primera sucedió el lunes, en la escuela de mi Padawan.
La maestra había pedido con suficiente tiempo de anticipación que los padres hiciéramos trajes que representaran a algún país para nuestros hijos, dando la clara indicación de que estos debían estar hechos de papel crepé o papel de china. Como algunos sabrán, el Samurai se tomó varias horas del fin de semana para hacer un “no-por-nada-pero-estaba-herrrmoso” Kimono, por supuesto, de papel.
Checamos varias imágenes de Kimonos en internet, para que quedara lo más parecido posible. Ya saben, no es fácil hacer un traje en papel, pero con todo y todo, el buen Samurai lo logró.
Llegó el lunes y pues nada… la ceremonia conmemorativa de la ONU no se celebró por una llovizna de 10 minutos jajaja… así que, llegó el martes y ahi vamos de nuevo con el traje. Cual fue mi sorpresa cuando ví que aproximadamente 5 alumnos de 29 llevaban traje de papel, los demás lo llevaban de tele reciclado de algún disfraz infantil de alguna otra fiesta… ahí ya, como que empecé a ponerme un poquito de malas.
Todo iba bien en mi ya sensible corazón, hasta que algunos empezaron a decir que mi honorable Padawan iba vestida ni más ni menos que de “chinita”. Ganas no me faltaron en ese momento de plantarme en mi posición de Señora Wikipedia mezclada con Sistema de Seguridad Windows Vista (…aceptar o denegar…) y soltarme un choro del porque a los que vienen de Japón se les llama japoneses y por qué a los que vienen de China se les llama chinos… lo que más aumentaba mi ardor estomacal es que la ceremonia era para conmemorar otro aniversario de la ONU… y entonces recordé muchas otras cosas que me hicieron pensar en el racismo y los terribles actos cometidos en nombre de “mi raza es la mejor”: Holocaustos, bombas nucleares, prisioneros maltratados, entre otras cosas horribles.
Sí… estaba yo que ardía más que el ojo de Sauron.
Entonces recordé comentarios típicos y absurdos que me hacen enojar, como el típico “Pero ps si los asiáticos son igualitos, si los ve uno todos juntos son idénticos todos, como gemelitos”, ah pero eso sí, si nos dicen a los mexicanos que todos nos vemos igualitos, luego luego repelamos y decimos “ahí si perdóname, pero NO, yo estoy más blanquito que doña Rosa la que vende tamales, además yo si tengo una carrera, y uso perfume original y huelo bonito… no como su hijo, que es un desobligado”… y sentí más fuerte el ardor.

Sin embargo, pasaron los días, y entre varias circunstancias a mi alrededor (entre ellas, platicar con algunas personas) pude percatarme de que la amargura en una persona, hacia un grupo racial o socioeconómico, puede causar graves estragos.
Gracias a esas “pláticas constructivas”, pude darme cuenta de que a veces, cuando uno trata de resolverle la vida a los demás, puede caer en un agujero sin fondo… en el agujero de la discriminación y de la intolerancia.
Y fue entonces cuando me confundí. No supe si mi molestia por que la gente llame “chinitos” a todos los orientales fuera justificada. Por que sí, en efecto, no me agrada en lo absoluto que la gente permanezca sumida en ignorancia, pero tampoco quisiera ser una persona que juzgue de medicore a alguien que comete un error ortográfico o errores de dicción. Y por otro lado, no quisiera que en mi intento de lucha por la justicia y por el bien común, termine amargada echándole TODA la culpa a las clases sociales privilegiadas.
Si, es cierto, no me es nada fácil entablar una amistad con alguien que considera bueno gastar casi 1000 pesos en un pantalón de mezclilla y juzgue de mediocres a quienes con 1000 pesos comen en dos semanas (o incluso más…). Pero me he tapado la bocota cuando conozco gente con una acomodada posición económica, que en lugar de levantar un dedo acusador, ayudan a la gente de maneras creativas. Así pues… hay de todo en todos lados.

Y entonces, me surgen varios cuestionemientos… ¿Cuánto es demasiado? ¿en qué momento la lucha por la justicia se convierte en intolerancia y discriminación?
¿Acaso no era lo que Hitler pensaba al exterminar a lo que él consideraba “raza impura”?
Él creía que tenía la razón!… Osama Bin Laden creía tener la razón… Bush Jr creía tener la razón… ¡el Peje insiste en tener la razón… y todos aquellos han usado todo el poder que tenían en las manos para alcanzar sus objetivos… con graves consecuencias, por cierto.

¿Y en la iglesia? ¿Estará pasando lo mismo? ¿Nos preocupamos demasiado por lo que la gente lee, o por cuantas veces dicen “wey” en un enunciado? ¿Nos preocupa demasiado lo que los congregantes ven en el televisor o el uso que le dan a internet? ¿Nos espantamos de palillos y no vemos las vigotototas? ¿O creemos que nos preocupa tan poco, al grado de que hemos pensado en que talvez deberíamos usar algún efectivo sistema de vigilancia? ¿Debemos redoblar esfuerzos por mantener la pureza y la santidad en la gente de nuestras congregaciones? … alguna vez escuché que los cristianos tenemos “derecho” a arrancar objetos de idolatría de nuestros “hermanos”… que “por que Jesús lo hizo”… dicen…
¿No era lo mismo que llevó a personas como Hitler a tomarse también ciertos “derechos”?

Y entonces… ¿cómo saber cuál es la manera correcta de luchar por aquellos ideales de justicia? ¿Dónde, entonces, termina el respeto por los demás y se convierte en libertinaje? o viceversa ¿cómo saber cuando mi lucha de ideales está siendo intrusiva, cancerígena, fariséica y abusiva de autoridad?

Decía el tío Benito: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
Talvez en la actualidad deberíamos retomar y analizar a fondo lo que la palabra RESPETO significa… jojo, a ver si no nos faltamos al respeto en el proceso de definir lo que eso significa…