¿Por qué nunca he visto a alguien sanar milagrosamente? – Le he preguntado a Dios mucho tiempo…
Se lo he preguntado a algunas personas y todas ellas me contestan una variedad de respuestas… que no tengo fe, que Dios tiene un propósito, que me falta orar, que no pedimos a Dios como debemos, que por que estoy insensibilizada…
Me ha tocado ver sanidad, pero de esa otra que muchos no llamarían milagrosa, por que requiere de esfuerzo, de medicamentos, de cirugías, de ánimo por parte de quien está enfermo y muchas veces, del cuidado de las personas cercanas. Me ha tocado ver el “no milagro” de ver cómo alguien azotado por una enfermedad decide levantarse de su cama, tomarse su tratamiento y seguir adelante, me ha tocado ver cómo llega el dinero para el pago de una operación urgente o casi urgente (eso lo puedo decir de mi misma cuando dejé de usar anteojos) y así son todos los casos de sanidad que conozco.
He escuchado de sanidades impresionantes, de esas en las que una persona ora por alguien y repentinamente los tumores cedes, los ciegos ven, los que están en coma; despiertan… nunca me ha tocado ver alguna. Claro está, eso no significa que no crea que se den esos casos, simplemente me parece raro no haber visto nunca nada así.

Ayer no fue la excepción, fui invitada junto con unos amigos a un rato de oración. Temo decir que fui a regañadientes… más por apoyo moral que por otra cosa.
Debo aceptar que mi corazón está fastidiado de falsedades, de gente espiritualoide que a todo dice “amen” sin saber lo que están diciendo, fastidiada de gente que te pone tapete rojo con tal de obtener algo a cambio, harta de la gente que parece “animosa en el Señor” pero que a la hora de los cocolazos culpan a todos (o a uno en especial) y no se hacen responsables de sus propios errores… si, mi corazón está enfermito; enfermo de desconfianza, de descepción y desilusión.

Muchas veces me he visto con ganas de recluirme en casa, de no tener más contacto con los “hermanos”, que son quienes más daño me han hecho. Me he visto tentada a hablar pestes y generalizar en cuanto al comportamiento de todos los cristianos… pero no, no puedo. No tengo ningún derecho. Por que pese a todas las heridas, estoy consiente de que Dios los ama al igual que a mi y que todos, absolutamente todos, tenemos cosas que arreglar en nuestra vida.
Sin embargo, me es muy difícil evitar poner barreras de comunicación… no quiero relacionarme con nadie, tengo miedo a ser pisoteada una vez más, quiero estar sola.

Así pues… ayer casi casi me llevaron jalando cuan si fuera vaca terca… y ahi fuí, con mi cara de desinterés estilo Garfield… A ver qué pasa… dije.

Hablaron de la sanidad… golpe bajo… y no es que tenga una enfermedad física, pero Dios sabe que mi corazón necesitaba algo que lo hiciera reaccionar, necesitaba una dosis de su medicina para comenzar a sanarlo. Por que en mi caso, ya lo he visto así y ahi esta la respuesta a la primera pregunta, Dios gusta de tratarme en procesos, en capítulos… él sabe que en mi las cosas de sopetón no funcionan (no al menos en todo), que soy impaciente en cuanto a la fe, y por lo tanto, es más efectivo tratar con mi paciencia.
Así empieza entonces una larga terapia para volver a sanar este corazón hecho cachitos… si, otravez… y todas las veces que sean necesarias.

Y ayer, que no tenía ganas de salir de mi casa y escuchar algo de lo de siempre, alguien a quien considero firme en el Señor, sin religiosismos, sin presunciones, con madurez, con una vida buena y quien se ha vuelto un gran amigo para mi Samurai y para mi, dijo que el que yo haya estado ahi significó mucho (entre otras cosas que dijo y que me guardo)… no lo dijo al aire y mucho menos lo dijo para quedar bien conmigo o ver de que me manera “me compra”.
Y no saben… no saben todo el esfuerzo que tuve que hacer para no desmoronarme en llanto en su auto cuando nos trajo de vuelta a casa… no quise llorar por que no quería que supiera lo difícil que fue para mi dejar mi orgullo y dejar que alguien llevara mi camilla de inválida para depositarme frente a Jesús para que él me dijera… “Ánimo, levántate y anda!”
Y sin embargo, sus palabras que ya quedaron grabadas en mis pensamientos, fueron sustancia activa dentro de todo el medicamento.

No será fácil, ya lo se… lo he vivido varias veces…
En fin, aveces la sanidad duele… !vaya que duele!
Pero seguro vale la pena.