Yo soy partidaria de hacer las cosas bien…
También soy partidaria de hacer las cosas bien, pero hacerlas por que a uno le nace hacerlo… es decir, por amor.
Y si, también estoy muy de acuerdo en que hay cosas que se “deben” hacer aunque no nos gusten… tener la casa limpia, ir a la escuela, soportar un mal jefe, bañarse aun si hace frío…
Sin embargo, no me gusta cuando la gente hace las cosas por miedo: llegar temprano por miedo a que a uno le descuenten, llegar a casa a buena hora por miedo a que se enoje la doña, darles tooodo a los hijos por miedo a que armen circos en la calle, pagar el diezmo por que sino caen temibles ataduras sobre el hogar, cambiar de creencias por miedo a irse al infierno, etc, etc y un infinito etc…

Mucho tiempo he pasado en criticar a aquellas mujeres que le ponen jetotas a su marido cuando este incumple en sus deberes (entiéndase por “deberes” aquellos que consisten en que el marido les compre un ramo de flores cada fin de semana, las lleve a cenar a su restaurante favorito cada ultimo viernes de mes, que les pague la ropa cara y hasta el cafecito con las amigas)… También he criticado a las madres que exigen perfección a sus hijos y les hacen borrar una y otra vez la tarea que hicieron casi “con las patas”. Critico a los jefes gandallas que sólo regañan y regañan. A los pastores que usan la Biblia para controlar abusivamente a “su” gente…

Y ahora… me doy de topes por que descubro que soy igual.

Pido (con mi mejor cara posible) las cosas, luego espero con la mayor paciencia que tengo, y si las cosas se dan, uuuh ¡es genial!. Pero sino, no dudo en expresar mi estado emocional con palabras a quien “faltó” a lo acordado.
Aveces, ¡muchas veces!, pongo carota si no me dan, si no me ponen, si no me dicen, si no me hacen.
Luego, me siento con todo el derecho a enojarme y mostrar mi opinión y ya en el extremo -pero muy usado- caso, pues me pongo reclamar (por que, pues… vivimos en un país con libertad de expresión, ¿no?).
Y entonces descubro que muchas de las cosas que la gente hace por mi las hace por miedo a mi super-látigo-justiciero (ese que uso con mi mirada estilo Garfield cuando algo no le parece, y que va junto a una semi-ley del hielo) y ya no las hacen por que les nace o por amor… vamos, ya ni por costumbre.
Luego se pone más feo, por que cuando la gente hace algo para “arreglar el desperfecto” yo les digo algo así como “ps’ ya que, mejor en otra ocasión con más calmita… ya así déjalo… gracias de todas maneras”. Osea, me hago la digna…
Qué triste, y no por ellos y ellas… si no por mi, que ya no distingo entre mi libertad y la libertad y el respeto hacia los otros…

¿Algún tip? ¿Alguien “perfecto(a)” que me diga cómo le hago para no exigir más de lo que merezco? (también se aceptan sugerencias de parte de gente imperfecta jojo no crean…) ¿O alguien que me oriente y me diga cómo hacerle para no ganarme ese odiado título de “inflexible” e “intolerante” que me cargo cuando expreso mi descontento?
¿Cómo fregaos’ hacerle cuando quiero pedir que se cumplan mis derechos sin pisotear los de los demás? ¿Debo mostrar mi opinión o mejor me callo? ¿Los atiborro de preguntas tontas? ¿Me tengo que disculpar por ello? (por las preguntas… claro, jajaja)