Todos tenemos un grado de metichosidad (… palabrita dominguera?…), todos alguna vez hemos escuchado conversaciones ajenas ya sea por que nos dió el Lapsus Metichosus o por que la persona en cuestión hablaba demasiado fuerte…
Pienso que hasta ahí no estamos incurriendo en ninguna falta moral.
Donde creo que si se rebasa el límite es cuando emitimos nuestro juicio acerca algo acontecido que no nos incumbe… más aun, cuando no nos preguntaron nuestra opinión… más feo todavía, cuando el comentario surge de la más profunda y sincera envidia.

Así pues, estaba yo en una Farpluscia o lo que hoy se llama Farmacias del Ahorro buscando algunos víveres. (*Farmacia Plus… pero le digo Farpluscia por que el logo estaba encimado y no se entendía)
La tienda estaba más que llena; los chicos de la secundaria de junto acababan de salir y muchas señoras y señores salían también de su trabajo a esa hora para ir a comer.
La tienda no es muy grande, por lo que al hacer la fila para pagar el pasillo se convierte en una pesadilla; empujones, pisotones… y uno que otro extraño aroma…
Adelante de mi, en la fila, iba una pareja de novios pubertos, adelante de ellos había unas 7 personas más esperando su turno. Luego luego atrás de mi estaba la metiche en cuestión: una señora con varios paquetitos de vendas cargando en las manos. Y así, la fila se extendía de manera indecible.
En lo que esperábamos la pareja platicaba de los examenes, de los trabajos, de los celulares y no se de que más… de vez en cuando se daban un beso y continuaban con la conversación.
Porfin llegaron a la caja: llevaban un gansito, una coca cola y una paleta. La lennnnnta cajera tecleó con toooda calma cada uno de los productos… la seño’ atras de mi ya tenía jeta, a mi me dolían los pies y los chicos estaban dulcemente abrazados como buenos enamorados. Pagaron y se fueron… pero… ¡sólo se habían llevado la paleta! dejando la CocaCola y el gansito :O
La cajera y la chava que la estaba ayudando (no se en que la estaba ayudando si iban tan lentas) se quedaron viendo, la ayudante tomó las cosas y dijo “Voy a llevárselos”… no terminaba de decir “llevárselos” cuando la doña de atrás de mi dijo: “Naaah, déjelos, no se los devuelva… ¡para que se les quite!”
Mi estómago ardió… méndiga seño’ amargada… para que se les quite que? pregunté a mis adentros. ¿Acaso le provoca urticaria o estriñimiento ver una pareja de jóvenes que se aman? ¿Es capaz de fomentar el robo sólo por envidia? ¡Caray! Ni siquiera estaban en pleno faje frente a todos, como ya es común con otros chicos. Ni si quiera la cantidad de besos rebasaba la cantidad de palabras intercambiadas… se veían tranquilos, enamorados, cute, y no molestaban a nadie, estaban en su rollo.
Obvio, me tuve que morder la lengua para no soltarle un sarcasmo a la seño’, pero ganas no me faltaron de llenarle la boca con sus vendas… pero no, lo único que hice fue mirarla con cara de “y a usted que @%#/! le importa?”… La cajera y su ayudanta la miraron con cara de “pobre señora amargada… seguro que nunca ha estado enamorada“.
Finalmente llegó mi turno, pagué… no se me olvidó nada… jeje, y me fuí a casa pensando en las muchas veces en que he escuchado o visto cosas, en lo mal que he hecho por emitir un juicio en base a mis experiencias buenas o malas. En que aveces definitivamente, no me gustaría escuchar o ver algo que sé que no debo ni mencionar… menos opinar.
Pensé también en las muchas veces que al Samurai y a mi nos han halagado (o perjudicado… quién sabe) con comentarios por que nos han visto dándonos un besito cuando él me deja afuera de mi trabajo. Y pensé en que desgraciadamente tampoco no nos hemos escapado de gente envidiosa, que al ver que tenemos una relación muy especial dicen tonterías en nuestra contra.
Pero bueno… la gente es gente… creo que todavía me falta mucho por aprender en eso de no dejarme afectar por la mentalidad ajena… pero hago mi esfuerzo, y creo que ahí la llevo.
En fin… es fin de semana, abrácense, bésense sus bocas (como diría mi suegris) y sean felices… y a quien no le toque, pues no se ponga de envidioso, ¿va?