Esta palabrita la he venido escuchando por casi tooodo el ciclo escolar… les confieso que ya me tiene hasta la… hasta la… hasta la lámpara más alta de la casa!!
Tan mal usada la pobrecita palabra. ¿Ella qué culpa tiene, caray?

No logro entender porqué no se nos enseña una diferencia entre el contentamiento o la adaptación (la verdadera) y el conformismo.
Se nos enseña desde chiquitos a aguantar todo lo que no deberíamos aguantar y a ponernos exigentes con lo que deberíamos ser tolerantes.
Si no queremos ponernos esa terrible camiseta de perrito por que pica y raspa, ahhh no! “aguántate, ¡no seas sangrón y payaso!” (no se va a destruir el mundo por que uno se cambie de playera, ¿o si?), pero si un partido político está repartiendo despensas en campaña, ahí van todos a formarse hasta dos veces por que “pus’ hay que exigirle al gobierno, ¿que no?“.
Y así es en TODO.

Decía hace un rato en mi twitter que debería estar enojada… y de hecho lo estuve, mucho, desde ayer. Pero ya no…
Todo el rollo comienza desde que ayer nos informaron que sólo un padre de familia entraría al auditorio a ver a su hijo(a) bailar en el festival. Si el cónyuge quería entrar, ¡ni modo! no se podía.
Lo que es curioso es que desde las juntas que se hicieron hace meses se preguntó en dónde se quería hacer el festival de fin de cursos, se votó por que se hiciera en otro lugar que no fuera la escuela para evitarnos imprevistos de sol y lluvia… se acordó que no se haría en el lugar anterior por que sólo asignaron un asiento por familia y los demás se quedaron parados. Entonces nos dieron la opción de este lugar; barato, bonito, céntrico… y nos dieron a entender que cabíamos todos sentados y bien… no nos dijeron que sólo un padre o tutor podría entrar por cada niño. Apenas ayer nos informaron.
Nos quejamos con la maestra, ella le aventó la bolita a la dirección, llamamos a la subdirectora; quien le aventó la pelota a la directora, luego la directora le aventó la pelota a la sociedad de padres de familia… ( y así en varios pases casi meten goool jaja duh…)

Hablamos con la Padawan para que supiera de la situación… le dijimos que no era justo que nos hicieran ir así, ya que los dos hemos estado involucrados en todas las actividades de ella en su escuela y que lo justo es que se nos permitiera entrar juntos, pero que como estaban ya montados en su mula de “así es y nimodo, se aguantan” pues pensábamos que lo correcto era no ir. De momento nos puso cara de tristeza, pero luego nos dijo que quería ir con los dos… insistimos en que no había manera… entonces sorprendentemente, ella dijo:
Ya se, mejor no vamos ninguno de los tres, me pongo el vestido el domingo y les bailo a ustedes y a mis abuelos

Me sorprendió su respuesta y su manera de manejar sus propias emociones (lo cual no es fácil en una persona artística…)

Ya estábamos en esa idea cuando suena el teléfono. Era de la sociedad de padres de familia. Amablemente, nos dijo que había una confusión y que sí tenia dos pases para nosotros, que se habían hecho algunas excepciones con los padres de hijos únicos, por que otros al tener dos o tres hijos, tenían un pase por cada niño… La verdad, nos sonó a que se sacaron la solución de manera improvisada… pero les dimos un voto de confianza y decidimos asistir.

Hoy nos levantamos temprano, desayunamos, nos arreglamos, peiné a Padawan, Samurai nos maquilló a ambas (no por nada pero tiene muy buena mano) y nos fuimos a muy buena hora. Llegamos puntuales, Padawan entró al auditorio por donde entraron los demás niños y a nosotros nos mandaron por la otra puerta, la de los papás… ¡oh sorpresa! Sólo nos dieron un pase y cuando lo hicieron nos dijeron “aquí está su pase… no sé cómo le vayan a hacer...” ¿QUEEEE?

Y ahi vamos, a ver dónde se había descompuesto todo y en efecto, todo lo que nos dijeron ayer era una solución improvisada y además injusta para los demás padres. Nos iban a dejar entrar pero separados, uno en el lugar asignado y otro en uno de los 6 lugares que tenían “reservados”… obvio, al escuchar eso algunos padres pegaron el grito en el cielo, y no era para menos, por que ellos también tenían derecho a entrar. En fin, decidimos no entrar. Le avisamos a la Padawan de lo que estaba sucediendo y una vez más tomó esa honorable actitud. Y sin más ni más, sin tristeza ni nada, dijo “vámonos”.
Lo mismo hicieron dos de sus compañeras. Salieron con sus mamás, quienes además fueron tratadas de manera muy grosera.
La maestra salió a tratar de convencernos que no nos fuéramos, que ya estaban juntando a los niños hasta atrás (cosa que me parece un riesgo en un auditorio con sólo dos salidas) y que ya había más lugares… le dijimos que no era lo correcto, por que no íbamos a fomentar la mala organización y las actitudes que tuvieron hacia los demás.
Y entonces, mi Padawan tomó la palabra, de una manera impresionante y le dijo con toda seriedad y ecuanimidad: “No maestra, yo no quiero entrar por que me parece injusto, yo quiero que estén mi papá y mi mamá… además tuvieron suficiente tiempo para contar los lugares y saber si íbamos a caber o no… esto no esta bien”

Zas…

Nos despedimos amablemente de la maestra. Y nos fuimos, con la idea firme de que el próximo ciclo escolar las cosas deben ser diferentes… y no por que exijamos nadamás, sino por que estaremos más cerca, ayudando y trabajando.
El mundo no se arregla nomás quejándose.

Y entonces vuelvo a lo de la “adaptación”… palabra que he escuchado de mucha gente cuando le platico que a mi hija le ha costado trabajo la escuela y que ha tenido sus baches… aun platicándoles los detalles me dicen “bueno, es que tiene que adaptarse“. ¿Adaptarse a que algunos compañeros le destruyan sus cosas y la maestra no haga nada (ah, pero si ella se porta mal, ahí si dice, y mucho…)? ¿adaptarse a la discriminación, a la intolerancia, a que si no tiene 10 de calificación en mate y español, no se le premia aunque tenga otras aptitudes más notorias en otras áreas que otros no? ¿adaptarse a un sistema fallido que no se ha podido arreglar por que ningún padre hace algo por cambiarlo (algunos se quejan, pero no hacen nada)?. Perdón, pero yo no creo que eso sea adaptación, es más bien conformismo.
Adaptación es entender que cada persona es diferente pero que todos tienen los mismos derechos.
Puedo adaptarme al clima de mi ciudad, es algo que no puedo cambiar, conformarme sería quejarme de que “ya se descompuso el día” y no salir con paraguas… Conformarse es ver que roban a tu vecino y no decir nada (ni llamar a la policía) por que “te vas a meter en un problema…”, adaptarse es tolerar y entender cuando las situaciones son ajenas a todos y nadie tiene el control de las cosas (como cuando un desastre natural se lleva la casa de los demás y tu no deberías quejarte de que el agua te llega poca y además sucia…)
Conformarse es decirle sí a todo a tu pastor por que crees que Dios te manda a obedecer ciegamente y a creer aun las doctrinas que ni al caso… Adaptarse es platicar con tu pastor, plantearle tus ideas, escuchar sus razones y ver en qué puedes ayudar para mejorar (si te mandan a “sentar” nomás por comentar tus inquietudes congregacionales ya es otra cosa…)
Adaptarse es cuando no tienes dinero para ir de vacaciones, pero sí puedes pasarte un fin de semana en casa, con tus hijos, felices y disfrutando el tiempo juntos, conformarse es haber invertido en vacaciones en un hotel que promete las mil maravillas, las cuales no has visto y entonces no pides nada de lo que te prometieron por que no quieres meterte en problemas por que estás de vacaciones.

Conformarse era entrar al auditorio, hacer como que no pasó nada, agachar la cabeza y ya… adaptarse es cederle mi lugar a otros que vivieron la misma injusticia, y estar consciente de que puedo y debo hacer algo para cambiar la situación hasta donde mis posibilidades me lo permitan.
Conformarse sería cambiar a mi hija de escuela por que esta “va de mal en peor” y dejar que el sistema ahogue a los demás niños y a sus padres… Adaptarme es decir “sí, está muy mal la escuela… pésima… pero YO SÍ puedo hacer algo para cambiarla y lo haré”

Adaptarnos a lo que nos rodea va más allá de lo que comentaba en mi post anterior, de tomar una actitud “borreguil-camaleónica” y decir que sí a todo, aun cuando pasen encima de nosotros… y peor aún, ver que pasan encima de los demás y no hacer nada al respecto. Eso sería conformarse.

Adaptarse es usar la cabeza y el corazón, sabiendo que no estás pisoteando a los demás, sin quejas inútiles, pero luchando por lo que sabes que tienes que luchar.